Categoría: Críticas

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Star Trek: tradición, riesgo y mundos nuevos

«Star Trek: Strange New Worlds» recupera la estructura episódica de la serie original y la combina con personajes que recuerdan, cambian y cargan con las consecuencias. El resultado puede pasar del drama bélico al musical, de la comedia vulcana a las marionetas y regresar después a la exploración espacial como si nada hubiera ocurrido. Repasamos sus cuatro temporadas, la evolución de sus guionistas, un reparto especialmente dispuesto a jugar y sus mejores guiños a la «Star Trek» de 1966.

Halt and Catch Fire: cuando el futuro ardía

«Halt and Catch Fire» comienza en 1983 con tres personajes intentando construir un ordenador compatible con IBM y termina recorriendo los primeros años de Internet. Por el camino aparecen ecos de Compaq, Apple, las comunidades en línea, Silicon Valley y los primeros buscadores. Pero su verdadero acierto está en otro sitio: los cinco personajes centrales convierten la historia tecnológica en una magnífica serie sobre trabajo, amistad, ambición, fracaso y segundas oportunidades.

Los Minions conquistan Hollywood a su manera

«Minions & Monsters» lleva a las criaturas amarillas de Illumination al Hollywood de los años veinte, un lugar sorprendentemente apropiado para personajes especializados en golpes, caídas y conversaciones incomprensibles. Pierre Coffin aprovecha el cine mudo, la llegada del sonoro y la historia de los grandes estudios para construir una primera mitad estupenda. Después llegan los monstruos y el caos habitual de la franquicia, aunque sin estropear la diversión. John Powell acompaña el desastre con una banda sonora magnífica y los Minions demuestran que, después de quince años, seguir siendo unos completos idiotas continúa funcionando.

Llegar tarde a «Friends», treinta años después

Por increíble que parezca, había conseguido llegar hasta 2026 sin ver «Friends». Buscando una comedia sencilla, con capítulos cortos y sin demasiadas obligaciones, acabamos en Central Perk. Ver ahora una serie estrenada en 1994 tiene una ventaja extraña: permite comprobar qué sigue funcionando sin el colchón de la nostalgia. Diez temporadas, 236 episodios, un reparto que acabó negociando como bloque, invitados de primera fila y una fórmula que dejó descendencia televisiva durante décadas. También aparecen costuras: diversidad escasa, chistes que hoy chirrían y una Nueva York bastante selectiva. Aun así, el mecanismo cómico conserva una eficacia irritantemente buena.

«Sunny»: robots, duelo y secretos en Kioto

«Sunny» comienza con una desaparición, una mujer que no quiere hablar con nadie y un robot doméstico empeñado en ayudarla. La serie de Apple TV creada por Katie Robbins mezcla ciencia ficción, misterio, humor negro y drama familiar en un Kioto ligeramente futurista. Rashida Jones interpreta a una protagonista deliberadamente áspera, mientras que Joanna Sotomura convierte al pequeño Sunny en algo bastante más interesante que un simple robot adorable. Una serie visualmente magnífica, extraña e irregular que tuvo además una vida demasiado corta: fue cancelada después de sus diez primeros episodios.

Spielberg vuelve a mirar hacia arriba

Steven Spielberg regresa a uno de sus terrenos favoritos con «El día de la revelación», una historia de extraterrestres, secretos y personas corrientes metidas en problemas bastante poco corrientes. Emily Blunt y Josh O’Connor sostienen una película que combina el thriller paranoico con la ciencia ficción sin convertir los efectos especiales en el único argumento. Spielberg vuelve además a una obsesión que recorre su carrera desde «Firelight» y «Encuentros en la tercera fase» hasta «E.T.», «La guerra de los mundos», «Taken» o «Falling Skies». Y sí: nos ha gustado mucho.

«The Bear»: cocinar mientras todo arde

«The Bear» convierte una cocina en un lugar donde el duelo, la ambición, la familia y el trabajo chocan a toda velocidad. Tras cinco temporadas, la serie de Christopher Storer deja una colección de episodios memorables, un reparto extraordinario y una forma de filmar la comida que transforma cada plato en una pequeña coreografía. Repasamos su evolución, desde el caos de The Beef hasta la última etapa del restaurante, el trabajo de Jeremy Allen White, Ayo Edebiri y Ebon Moss-Bachrach, sus premios, directores, guionistas, fotografía y banda sonora. Y, por supuesto, ese final que parece dejar la puerta entreabierta.

Grogu vuelve a salvar la función

«The Mandalorian and Grogu» lleva al cine la fórmula de la serie sin transformarla demasiado. Jon Favreau ofrece una aventura ligera, llena de acción, criaturas y momentos pensados para que Grogu vuelva a conquistar al público. Pedro Pascal comparte el personaje con los intérpretes que llevan la armadura, Sigourney Weaver aporta presencia y Jeremy Allen White presta su voz a un Rotta el Hutt sorprendentemente atlético. La película resulta vistosa, divertida y cercana a los dibujos animados, mientras la música de Ludwig Göransson le concede una grandeza que el guion solo alcanza a ratos. Ideal para las palomitas; poco más.

The Dink, una comedia sin demasiada puntería

«The Dink» convierte el enfrentamiento entre tenis y pickleball en una comedia deportiva amable, previsible y sostenida por un reparto mejor que su guion. Jake Johnson encaja bien como antigua promesa incapaz de aceptar su fracaso, mientras Mary Steenburgen aporta calidez y Aaron Chen aprovecha cada aparición. La gran presencia, sin embargo, es Ed Harris. Su seriedad absoluta da peso a un padre que contempla la carrera malograda de su hijo como una ofensa personal. La película no llega demasiado lejos con sus conflictos, pero ofrece un rato entretenido y algunas escenas que justifican el partido.

He-Man recupera el poder sin complejos

La nueva «Masters of the Universe» comprende algo que la película de 1987 apenas pudo mostrar: He-Man necesita vivir en Eternia. Travis Knight recupera el color, la mezcla de espada y tecnología y buena parte del extraño encanto de los minicómics. Nicholas Galitzine construye un Adam más humano que Dolph Lundgren, mientras Jared Leto se enfrenta al recuerdo casi invencible de Frank Langella. Los efectos actuales ofrecen un mundo inmenso, aunque a veces demasiado saturado, y Daniel Pemberton responde a la música de Bill Conti con una partitura maximalista acompañada por la guitarra de Brian May.