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Star Trek: tradición, riesgo y mundos nuevos

«Star Trek: Strange New Worlds» recupera la estructura episódica de la serie original y la combina con personajes que recuerdan, cambian y cargan con las consecuencias. El resultado puede pasar del drama bélico al musical, de la comedia vulcana a las marionetas y regresar después a la exploración espacial como si nada hubiera ocurrido. Repasamos sus cuatro temporadas, la evolución de sus guionistas, un reparto especialmente dispuesto a jugar y sus mejores guiños a la «Star Trek» de 1966.

Halt and Catch Fire: cuando el futuro ardía

«Halt and Catch Fire» comienza en 1983 con tres personajes intentando construir un ordenador compatible con IBM y termina recorriendo los primeros años de Internet. Por el camino aparecen ecos de Compaq, Apple, las comunidades en línea, Silicon Valley y los primeros buscadores. Pero su verdadero acierto está en otro sitio: los cinco personajes centrales convierten la historia tecnológica en una magnífica serie sobre trabajo, amistad, ambición, fracaso y segundas oportunidades.

Llegar tarde a «Friends», treinta años después

Por increíble que parezca, había conseguido llegar hasta 2026 sin ver «Friends». Buscando una comedia sencilla, con capítulos cortos y sin demasiadas obligaciones, acabamos en Central Perk. Ver ahora una serie estrenada en 1994 tiene una ventaja extraña: permite comprobar qué sigue funcionando sin el colchón de la nostalgia. Diez temporadas, 236 episodios, un reparto que acabó negociando como bloque, invitados de primera fila y una fórmula que dejó descendencia televisiva durante décadas. También aparecen costuras: diversidad escasa, chistes que hoy chirrían y una Nueva York bastante selectiva. Aun así, el mecanismo cómico conserva una eficacia irritantemente buena.

«Sunny»: robots, duelo y secretos en Kioto

«Sunny» comienza con una desaparición, una mujer que no quiere hablar con nadie y un robot doméstico empeñado en ayudarla. La serie de Apple TV creada por Katie Robbins mezcla ciencia ficción, misterio, humor negro y drama familiar en un Kioto ligeramente futurista. Rashida Jones interpreta a una protagonista deliberadamente áspera, mientras que Joanna Sotomura convierte al pequeño Sunny en algo bastante más interesante que un simple robot adorable. Una serie visualmente magnífica, extraña e irregular que tuvo además una vida demasiado corta: fue cancelada después de sus diez primeros episodios.

«The Bear»: cocinar mientras todo arde

«The Bear» convierte una cocina en un lugar donde el duelo, la ambición, la familia y el trabajo chocan a toda velocidad. Tras cinco temporadas, la serie de Christopher Storer deja una colección de episodios memorables, un reparto extraordinario y una forma de filmar la comida que transforma cada plato en una pequeña coreografía. Repasamos su evolución, desde el caos de The Beef hasta la última etapa del restaurante, el trabajo de Jeremy Allen White, Ayo Edebiri y Ebon Moss-Bachrach, sus premios, directores, guionistas, fotografía y banda sonora. Y, por supuesto, ese final que parece dejar la puerta entreabierta.

Deadloch: el crimen aprende a reír

Un cadáver en una playa de Tasmania, dos policías incompatibles y un pueblo donde las disputas antiguas conviven con festivales progresistas y secretos bastante menos pintorescos. «Deadloch» comienza con una mezcla extraña de crimen solemne, humor escatológico y personajes que parecen hablar desde series distintas. Cuesta entrar, sobre todo por la energía abrasiva de Eddie Redcliffe. Pero la primera temporada encuentra poco a poco su tono, desarrolla un misterio sólido y convierte aquella incomodidad inicial en una de sus mejores herramientas. Esta crítica analiza sus personajes, su sátira social y el sorprendente equilibrio entre investigación y comedia, sin revelar al culpable.

«Brooklyn Nine-Nine»: risas, placas y found family

«Brooklyn Nine-Nine» convierte una comisaría de Brooklyn en el lugar menos probable para encontrar consuelo y, sin embargo, lo consigue. Lejos del drama policial clásico, la serie apuesta por el humor coral, personajes profundamente humanos y un tono optimista que no esquiva del todo temas incómodos como el racismo institucional o la discriminación. Entre heists de Halloween, chistes internos y confesiones incómodas, la 99 se convierte en familia elegida para sus personajes y también para quienes la ven desde el sofá. Una comedia para reirnos, pero también para respirar un poco mejor.

Jeremy Clarkson contra la tierra y el tiempo

«La granja de Clarkson» nació casi como un chiste: el tipo de los superdeportivos jugando a agricultor en los Cotswolds. Lo que parecía una comedia rural ligera se ha convertido en un retrato implacable del campo británico, sus absurdos burocráticos y sus heridas abiertas tras el Brexit. Entre ovejas desobedientes y tractores descomunales, la serie da voz a granjeros reales, convierte a Kaleb y Charlie en héroes improbables y sigue la transformación de Clarkson en algo parecido a un agricultor de verdad. Todo, ahora, atravesado por la revelación de su cáncer de próstata.

Spider-Noir: crimen, humo y telarañas

«Spider-Noir» lleva a Spider-Man a una Nueva York de los años 30 donde la lluvia no limpia nada y Nicolas Cage presta su voz a un detective con telarañas y demasiados fantasmas. La serie puede verse en blanco y negro o en color hipersaturado, jugando con el noir clásico y el pulp de cómic. Su banda sonora mezcla jazz oscuro, temas originales y clubes llenos de humo, mientras el reparto construye un universo de femmes fatales, periodistas incómodos y villanos elegantes. Es el superhéroe perfecto para noches de insomnio y luces bajas.

El encargado que nunca ves venir

«El Encargado» arranca como una comedia sobre un edificio y su encargado, pero pronto revela un juego mucho más ambicioso. Eliseo Basurto, interpretado por Guillermo Francella, convierte la portería en un centro de operaciones donde la información vale más que cualquier sueldo. Temporada a temporada, la serie crece desde el consorcio hasta la política nacional, sin perder el humor negro ni el pulso de intriga. El personaje de Matías Zambrano, encarnado por Gabriel Goity, abre además la puerta a un spin‑off propio que expande este universo de poder, cinismo y secretos.

«Ponies»: espías, vodka y carcajadas

«Ponies» convierte la Guerra Fría en un parque temático de espías torpes, conspiraciones y humor afilado. El guion de David Iserson y Susanna Fogel mezcla thriller y comedia sin perder de vista el duelo, el miedo y la improvisación constante de dos viudas convertidas en agentes por descarte. Emilia Clarke aprovecha el cambio de registro para desplegar una vis cómica inesperada y muy bienvenida, sostenida por la química con Haley Lu Richardson y un reparto que se nota cómodo en el juego. Una serie muy entretenida, accesible y con más mala leche de la que aparenta.