Categoría: Inteligencia Artificial

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Cuando la nube se muda al barrio

Loudoun County convirtió una infraestructura heredada de la primera Internet en la mayor concentración de centros de datos del mundo. Durante años, el acuerdo pareció estupendo: inversión, abundantes ingresos fiscales y menores impuestos para los residentes. La expansión de la inteligencia artificial ha cambiado la escala. Más servidores significan mucha más electricidad, nuevas líneas de alta tensión, subestaciones, ruido y conflictos con barrios que nunca imaginaron tener una instalación industrial como vecina. Loudoun empieza ahora a endurecer su urbanismo y las tarifas eléctricas. Su experiencia ofrece una advertencia bastante útil para cualquier municipio que esté pensando en recibir la nube con los brazos abiertos.

Pixel Watch 5: metabolismo en la muñeca

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El Pixel Watch 5 mantiene el diseño de las últimas generaciones, pero cambia bastante por dentro. Su gran apuesta es Health Guardian, un sistema que analiza durante semanas datos de pulso, sueño, actividad y temperatura para detectar tendencias de salud. Entre ellas está la resistencia a la insulina, la función que más me interesa de cara a una posible compra. No mide glucosa ni sustituye una analítica, pero podría servir para detectar cambios metabólicos persistentes. Con precios desde 419 euros, mi idea es esperar al Black Friday del 27 de noviembre para comprobar cómo funciona en uso real.

Aprender con inteligencia artificial sin delegarlo todo

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La inteligencia artificial puede explicar conceptos, adaptar ejercicios y actuar como un tutor disponible a cualquier hora. También puede entregar respuestas perfectas sin que el estudiante haya aprendido gran cosa. A esa contradicción se suman una nueva brecha entre quienes saben aprovechar estas herramientas y quienes se limitan a utilizarlas como atajo, además de importantes cuestiones relacionadas con la privacidad. Integrar la IA en el estudio exige algo más que permitir o prohibir ChatGPT: hay que conservar el esfuerzo que produce aprendizaje, proteger los datos del alumnado y cambiar una evaluación demasiado acostumbrada a juzgar únicamente el resultado final.

La inteligencia empieza cuando el robot duda

Un robot puede reconocer una taza, calcular una trayectoria y mover el brazo con precisión. Eso no significa que comprenda si alguien sigue usando la taza, si está demasiado caliente o si debería pedir permiso antes de tocarla. La cognición robótica intenta cubrir esa distancia entre percibir y actuar con sentido. La investigación ha progresado en visión, atención y aprendizaje, pero apenas empieza a desarrollar metacognición: la capacidad de estimar incertidumbre, detectar errores y modificar una decisión. Esa duda computacional no implica conciencia. Puede, sin embargo, resultar decisiva para construir máquinas más seguras, comprensibles y respetuosas con la autonomía humana.

El negocio de parecer menos artificial

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Los humanizadores de texto han convertido una inquietud razonable en un negocio peculiar: una inteligencia artificial modifica el trabajo de otra para que parezca menos artificial. Tras probar Originality.ai, Scribbr, GPTZero y Humalingo, el resultado deja una sensación conocida: cambia la redacción, pero los detectores continúan marcándola. El problema no se resuelve ocultando patrones, sino revisando datos, recuperando la voz propia y asumiendo la responsabilidad editorial. La IA puede ordenar notas, crear materiales y facilitar explicaciones complejas. Su utilidad aparece cuando alguien supervisa el proceso y responde por lo que termina publicado.

Siri y Gemini: trato con el diablo

Siri llevaba años viviendo de rentas, pero con Siri AI Apple la ha desmontado pieza a pieza para reconstruirla como un asistente de verdad, capaz de entender contexto, pantalla y hasta lo que ves con la cámara. No es solo un cambio de voz o de interfaz; es una nueva capa de Apple Intelligence apoyada en modelos Gemini, con app propia, acciones dentro de las aplicaciones y una promesa insistente de privacidad. El problema, como siempre, está en los matices: hardware reciente, despliegue limitado y esa sensación de que la revolución llega por fases.

Utopía cibernética truncada en Chile

Cybersyn fue el intento chileno de construir un cerebro cibernético para la economía durante el gobierno de Salvador Allende. Diseñado por Stafford Beer y un equipo de ingenieros locales, conectaba fábricas y Estado mediante teletipos, mainframes y una sala de operaciones futurista. Más que un sistema de control, aspiraba a distribuir la capacidad de decidir, usando datos en tiempo casi real. El golpe de 1973 lo dejó a medio hacer, pero el proyecto sigue siendo una referencia fascinante cuando se habla de big data, política y modelos alternativos de gobernanza tecnológica.

Barcelona Supercomputing Center, templo de cúbits

La capilla de Torre Girona, en Barcelona, vuelve a cambiar de piel. Allí donde antes rugía el MareNostrum original, hoy conviven tres ordenadores cuánticos y un supercomputador de última generación. El Barcelona Supercomputing Center acaba de estrenar un nuevo sistema analógico diseñado por Qilimanjaro Quantum Tech dentro de la iniciativa EuroQCS-Spain, financiado por la Comisión Europea y el Gobierno español. Integrado en MareNostrum 5, este annealer se suma a dos máquinas digitales ya operativas para explorar aplicaciones en biomedicina, simulación de fenómenos naturales y modelos de inteligencia artificial más sostenibles y eficientes.

Alan Turing, la máquina y el secreto

«The Imitation Game» convierte la vida de Alan Turing en un thriller emocional que mezcla válvulas, secretos militares y preguntas incómodas sobre qué significa “pensar”. Bien ambientada y con un reparto sólido, la película combina rigor aceptable con licencias dramáticas, especialmente al simplificar el trabajo colectivo de Bletchley Park. Aun así, logra que el espectador intuya que la mal llamada inteligencia artificial no nació en Silicon Valley, sino en pizarras llenas de fórmulas y máquinas ruidosas. Un retrato intenso de un genio perseguido y un buen punto de entrada para seguir explorando su legado.

No las llames inteligencias: el gran engaño del nombre

Llamar «inteligencia» a los sistemas de IA es un error con consecuencias reales. Expertos como Enrique Dans, Benjamin Riley y Noam Chomsky coinciden: estos sistemas no piensan, sino que correlacionan patrones estadísticos a escala masiva. Los estudios muestran que los mejores modelos generan texto impreciso o falso hasta en el 65% de los casos. En educación, la dependencia de estas herramientas erosiona el pensamiento crítico. Y en el ámbito profesional, el 95% de las organizaciones no obtiene retorno de sus inversiones en IA porque nadie los supervisa correctamente. La inteligencia que importa sigue siendo la humana.

Cúbits, abuelas y otros milagros cuánticos

La computación cuántica suena a ciencia ficción dura, pero puede entenderse con metáforas cotidianas y algo de imaginación. En lugar de bits que solo son 0 o 1, aparecen los cúbits, capaces de estar en varios estados a la vez y de coordinarse entre sí como si compartieran secretos. Gracias a la superposición, el entrelazamiento y la interferencia, estos ordenadores pueden abordar problemas que resultarían imposibles para las máquinas clásicas. Aunque aún están en fase experimental, prometen revolucionar campos como la química, la seguridad y la optimización de procesos complejos.