Cuando oír bien no basta

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Hay sitios donde un audífono parece tener que trabajar horas extras: un restaurante lleno, una reunión con varias personas hablando a la vez, una cafetería con música de fondo. El volumen puede ser suficiente y, aun así, las palabras se mezclan. Oír y entender resultan ser dos cosas bastante menos parecidas de lo que sugiere el verbo «escuchar».

El tema me toca además bastante de cerca. Después del accidente que conté en «Renacimiento», sufrí una fractura del conducto auditivo izquierdo, tinnitus durante semanas, mareos relacionados con una inflamación del laberinto y una recuperación lenta del oído. Hoy utilizo un audífono en ese lado. Por eso me ha llamado especialmente la atención una investigación europea que intenta diagnosticar una forma de pérdida auditiva que puede pasar inadvertida incluso cuando el audiograma convencional dice que todo está razonablemente bien.

Se llama sinaptopatía coclear, aunque también se ha popularizado como «pérdida auditiva oculta». El proyecto europeo EarDiTech ha desarrollado una prueba portátil, CochSyn, destinada a detectar este daño y, quizá más interesante todavía, un sistema capaz de adaptar el procesamiento de futuros audífonos al tipo de deterioro de cada persona.

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Cuando el audiograma dice que oyes

Una audiometría convencional es una prueba bastante simple desde el punto de vista del paciente. Te colocan unos auriculares, reproducen tonos de distintas frecuencias y vas indicando los sonidos más débiles que eres capaz de detectar. El resultado es el conocido audiograma.

Funciona muy bien para medir los umbrales auditivos. El problema es que nuestra vida cotidiana rara vez consiste en permanecer dentro de una cabina silenciosa esperando un pitido perfectamente aislado.

En un restaurante hay conversaciones cruzadas, cubiertos, música, reverberación y alguien en la mesa de al lado explicando su hipoteca a un volumen que probablemente tampoco necesitábamos conocer. Para separar una voz de todo ese material sonoro, el sistema auditivo necesita bastante más que detectar que «hay sonido».

La sinaptopatía coclear afecta precisamente a las conexiones entre las células ciliadas internas de la cóclea y las fibras del nervio auditivo. Estas sinapsis transmiten al cerebro la información que después utilizamos para interpretar lo que escuchamos. La investigación experimental ha mostrado que esas conexiones pueden deteriorarse por envejecimiento, exposición al ruido o determinados tratamientos ototóxicos, incluso antes de que aparezcan pérdidas claras en los umbrales del audiograma.

Eso ayuda a explicar una situación desconcertante: personas capaces de superar una audiometría dentro de parámetros normales pero que tienen verdaderas dificultades para comprender una conversación cuando aparece ruido de fondo. Este tipo de problemas lleva años estudiándose, aunque sigue existiendo debate sobre cuánto puede atribuirse específicamente a la pérdida de sinapsis y cuál es la mejor manera de medirla en seres humanos.

Dicho de otra manera: el audiograma puede decir que detectas el sonido. No necesariamente que tu sistema auditivo conserve toda la capacidad necesaria para ordenarlo cuando el mundo decide hacer ruido.

CochSyn intenta medir lo que falta

El equipo dirigido por Sarah Verhulst en la Universidad de Gante lleva años trabajando en métodos para identificar ese daño sin tener que observar físicamente las diminutas conexiones de la cóclea, una opción poco recomendable si queremos que el paciente vuelva a casa después de la consulta.

CochSyn utiliza electrodos colocados en la frente y cerca de las orejas y reproduce estímulos sonoros diseñados específicamente para provocar una respuesta sincronizada del sistema auditivo. En esencia, registra mediante EEG una respuesta eléctrica conocida como envelope-following response o EFR, que refleja cómo determinadas poblaciones neuronales siguen las variaciones del sonido.

Los investigadores han trabajado especialmente con estímulos modulados de forma rectangular, conocidos como RAM-EFR, porque parecen resultar sensibles a la pérdida de conexiones sinápticas. Estudios experimentales y trabajos recientes están intentando establecer hasta qué punto esas respuestas permiten separar el daño sináptico de otros problemas de la cóclea y, algo fundamental, qué valores deberían considerarse normales.

La idea de CochSyn consiste en comparar la respuesta registrada con modelos computacionales del funcionamiento auditivo y estimar la existencia y el grado probable de sinaptopatía. El proyecto ha reducido además el equipamiento a un sistema portátil pensado para una consulta clínica, bastante lejos de esos experimentos que funcionan estupendamente mientras haya un laboratorio, tres investigadores y una colección de cables que parece el reverso de una mesa de mezclas.

Esto no significa que el problema esté resuelto. Una revisión sistemática reciente encontró varios métodos prometedores para detectar la pérdida auditiva oculta —respuesta auditiva del tronco cerebral, electrocochleografía, reflejo muscular del oído medio o EFR—, pero también señaló que todavía hace falta más evidencia comparativa. Los autores consideran especialmente interesante combinar mediciones fisiológicas con pruebas de comprensión del habla en presencia de ruido.

CochSyn es, por tanto, una pieza muy interesante de esa búsqueda. No una bola de cristal para contar sinapsis.

El audífono que no se limite a subir volumen

Aquí aparece la segunda mitad del proyecto y, para quienes utilizamos audífono, probablemente la más sugerente.

Amplificar sonidos funciona cuando parte del problema consiste en que ciertos sonidos llegan demasiado débiles. Pero aumentar el volumen no reconstruye por sí solo información neuronal deteriorada. Si varias señales están mezcladas, hacerlas todas más grandes puede producir una versión más cara y tecnológicamente sofisticada del mismo barullo.

EarDiTech trabaja por eso en CoNNear, un sistema de procesamiento basado en redes neuronales y modelos computacionales del oído. El planteamiento consiste en disponer de un modelo del funcionamiento auditivo normal y otro que represente el deterioro del usuario. Después se entrena el algoritmo para modificar la señal de entrada intentando que la respuesta del sistema auditivo deteriorado se aproxime a la del modelo sano.

La personalización podría apoyarse precisamente en los datos obtenidos mediante CochSyn. En lugar de configurar un audífono únicamente a partir del audiograma, el sistema dispondría también de información sobre cómo responde el componente neural del oído.

El proyecto ha trabajado en que esos algoritmos funcionen en tiempo real y con un consumo compatible con los procesadores utilizados en dispositivos auditivos. Sus responsables contemplan incluso aplicaciones futuras en auriculares de consumo, además de audífonos.

Esto último tiene bastante lógica. Los auriculares modernos ya incorporan micrófonos, cancelación activa de ruido, modos de transparencia y una capacidad de procesamiento que hace unos años habría parecido excesiva para algo cuya misión inicial era reproducir música. La frontera entre auricular y dispositivo de ayuda auditiva lleva tiempo volviéndose bastante borrosa.

Lo que este avance significa para mí

Mi pérdida auditiva del oído izquierdo tiene un origen traumático conocido. El accidente produjo una fractura del conducto auditivo, tinnitus, problemas vestibulares y una evolución que he ido siguiendo desde entonces. Que ahora utilice un audífono no permite deducir que tenga sinaptopatía coclear, ni sería razonable convertir una investigación que acabo de leer en un autodiagnóstico por entusiasmo tecnológico.

Pero sí explica mi interés.

Quien utiliza un audífono aprende enseguida que el problema no siempre es simplemente «oír más». Hay situaciones en las que el dispositivo ayuda muchísimo y otras donde el ruido ambiente sigue poniendo las cosas difíciles. Cuanto mejor pueda describirse qué parte del sistema auditivo está dañada, más sentido tiene pensar en prótesis ajustadas a ese daño concreto y no únicamente a una curva de frecuencias.

Eso es lo que me resulta atractivo de EarDiTech: diagnóstico y tratamiento se están desarrollando juntos. No se limitan a encontrar una anomalía y ponerle un nombre particularmente incómodo de pronunciar. Intentan que esa medida sirva después para decidir cómo debe procesarse el sonido.

Además, los trabajos del propio grupo están encontrando relaciones entre envejecimiento, respuestas neuronales y dificultades para comprender el habla con ruido, aunque los resultados recuerdan que la audición es demasiado compleja para reducirla a una única medida.

Prometedor, pero todavía no en la consulta

Conviene contener un poco la emoción tecnológica. CochSyn todavía no dispone del marcado CE necesario para comercializarse como dispositivo diagnóstico en la Unión Europea y no es una prueba clínica que podamos solicitar de manera rutinaria.

El dispositivo ya ha sido evaluado en estudios clínicos y el ensayo registrado para analizar su funcionamiento en práctica clínica figura como completado. El siguiente problema es convertir ese desarrollo experimental en un producto médico certificado, reproducible y utilizable fuera de la universidad.

Según Verhulst, una vez conseguida la financiación necesaria, el proceso para obtener el marcado CE podría requerir aproximadamente entre 18 meses y dos años. EarDiTech busca además fabricantes de audífonos, empresas de semiconductores y otros socios capaces de llevar CochSyn y CoNNear al mercado.

Mientras tanto continúan abiertas preguntas importantes: qué prevalencia real tiene la sinaptopatía coclear, qué combinación de pruebas permite diagnosticarla con mayor precisión, cuánto explica de los problemas para entender el habla y hasta qué punto nuevos algoritmos pueden compensarla en pacientes distintos.

No es poco. Durante mucho tiempo, una persona podía explicar que escuchaba mal entre ruido y recibir a cambio un audiograma aparentemente normal. Poder medir algo que hasta ahora escapaba a las pruebas habituales ya supone cambiar bastante la conversación.

Y si después el audífono consigue hacer algo más inteligente que subir el volumen de todo, mi oído izquierdo estará encantado de apuntarse.

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