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Esta web que tienes delante ha sido una de las protagonistas del boletín «Proyecto Gráfico» N.º 30, donde la hemos destacado como un ejemplo precioso de cómo el diseño puede acercar los datos a la gente sin perder claridad ni personalidad. Si has llegado hasta aquí por esa newsletter, aprovecha para suscribirte —si aún no lo has hecho— y seguir al tanto de más noticias interesantes y apasionantes sobre los múltiples temas que tratamos: diseño editorial, tecnología, visualización de datos, cultura visual y todas esas rarezas que nos gustan tanto.
Hay un momento extraño que cualquiera que viva en Asturias habrá experimentado: abres el móvil buscando saber si llueve en Cangas del Narcea, si hay retenciones en la autopista o si el embalse de Tanes aguanta bien la sequía, y acabas saltando entre cuatro aplicaciones distintas, tres webs oficiales y un par de grupos de WhatsApp. La información existe. Está publicada. Pero nadie la ha puesto junta. Hasta ahora.
datoasturias.com es exactamente eso: un panel interactivo en tiempo real que reúne más de 30 fuentes de datos abiertos institucionales en una única interfaz visual, construida por Imanol Iglesias Fernández, un desarrollador afincado en Oviedo, sin ánimo de lucro y con una paciencia que debería estar catalogada como bien cultural del Principado.

Lo que ocurre bajo el capó
La plataforma agrega datos de organismos tan distintos como la AEMET, el INE, la Red Eléctrica de España, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, la DGT, la NASA FIRMS, el sistema Copernicus de la Unión Europea o Renfe, entre muchos otros. No se trata de copiar y pegar noticias ni de hacer capturas de pantalla: los datos se actualizan automáticamente con frecuencias que van desde los cinco minutos —para la meteorología— hasta periodicidad diaria o semanal según la fuente. El resultado es que cuando abres la web puedes consultar, literalmente, si hay focos de calor activos en los montes de Tineo detectados por satélite, qué temperatura superficial tiene el mar Cantábrico, o cuánta agua queda en los embalses asturianos esta mañana.
Detrás de esa aparente sencillez hay una arquitectura de integración de datos nada trivial. Cada fuente habla su propio idioma: APIs REST, feeds GTFS-RT para el tráfico ferroviario, capas WMS para los mapas de riesgo de inundación, ficheros abiertos del Ministerio de Energía para los precios de carburantes en cada gasolinera asturiana. Iglesias ha tenido que armonizar todo eso en una interfaz que funciona sin pedirle al usuario ningún conocimiento técnico previo. El dato llega y ya está. Presentado. Legible. Útil.

Una radiografía completa del Principado
La web se organiza en secciones que reflejan, de manera casi enciclopédica, la vida cotidiana de la región. La sección de transportes muestra horarios y retrasos en tiempo real de Cercanías Asturias, vuelos del aeropuerto de Asturias, cámaras de tráfico de la DGT y tiempos de recorrido entre ciudades. La de economía recoge indicadores como el PIB, el paro, la afiliación a la seguridad social, las exportaciones o el mix energético, con series históricas y comparativas interanuales. Hay un bloque de precios con el coste de la luz hora a hora, los carburantes en todas las gasolineras de la región y el IPC desglosado por grupos. Y una sección de salud que incluye vigilancia epidemiológica semanal —gripe, COVID-19, virus respiratorio sincitial— junto con un localizador de farmacias de guardia.
El módulo de calidad de vida es quizás uno de los más ambiciosos: incorpora un índice propio basado en ocho dimensiones —prosperidad, empleo, demografía, dinamismo, gasto público, vivienda, educación y salud— con un ranking de los 78 concejos y un comparador de hasta tres municipios. Que Llanes y Gozón compiten en ese ranking es, cuanto menos, una conversación interesante para cualquier asturiano. Lo más llamativo de esta sección es que no replica datos de ninguna fuente oficial: es una elaboración propia a partir de múltiples indicadores, lo que convierte la plataforma no solo en un agregador, sino en una herramienta analítica con criterio propio.

El mapa vivo y el juego que engancha
Uno de los atractivos más visuales de la plataforma es su mapa en vivo, que permite superponer más de quince capas simultáneas: temperatura, nivel de embalses, calidad del aire, terremotos, focos de calor, cámaras de la DGT, riesgo de incendio, estaciones meteorológicas. Ver Asturias desde esa perspectiva, con todos esos datos solapados, tiene algo de cuadro de mando de una película de ciencia ficción, aunque la información sea perfectamente real y verificable.
Pero hay una funcionalidad que merece mención aparte: GeoAsturias, un juego diario en el que apareces en una vista de calle de Google Maps, en algún lugar de Asturias, y tienes que adivinar en qué concejo estás moviéndote por el entorno y buscando pistas visuales. No es el primer juego de geografía de este tipo —la inspiración en plataformas como GeoGuessr es evidente—, pero sí es probablemente el único centrado en los 78 concejos del Principado. Para quien lleva años paseando por Asturias, identificar si esa carretera sinuosa y esos hórreos corresponden a Tineo o a Degaña tiene un punto adictivo difícil de explicar a quien no lo haya probado.
El atlas geográfico complementa este espíritu didáctico: 57.000 topónimos del Nomenclátor Geográfico Básico de España, filtrables y localizables en un mapa interactivo. Pueblos, parroquias, ríos, picos, playas. La memoria geográfica de una región entera, catalogada y accesible.

Un proyecto ciudadano en tiempos de datos públicos
Dato Asturias fue publicado en el catálogo oficial de datos.gob.es en abril de 2026, lo que supuso cierto reconocimiento institucional para un proyecto que hasta entonces vivía en la periferia de los portales oficiales. Esa distinción importa: la plataforma se nutre de datos públicos y los devuelve al público de una manera que las adminstraciones, por razones burocráticas o de recursos, no siempre logran hacer por sí mismas.
Existe también una extensión para Chrome que lleva los datos directamente al navegador —temperatura, avisos meteorológicos, calidad del aire, estado del mar, sismicidad— sin necesidad de abrir ninguna pestaña. Es el reconocimiento implícito de que la información más útil es la que aparece cuando la necesitas, no la que tienes que ir a buscar. La diferencia entre un dato público inerte y un dato vivo que transforma la toma de decisiones cotidianas reside casi siempre en ese último tramo: alguien que se tome la molestia de presentarlo bien.
En un momento en que los datos abiertos se han convertido en un mantra de la modernización administrativa, proyectos como este recuerdan que la apertura de datos no termina cuando la administración publica un fichero CSV en un portal. Termina, o más bien empieza, cuando ese dato llega a quien lo necesita en el formato en que puede usarlo. Imanol Iglesias, desde Oviedo, parece haberlo entendido bastante bien.