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Buscábamos una comedia sencilla, con episodios cortos y sin necesidad de consultar un árbol genealógico antes de sentarnos en el sofá. Y, por increíble que parezca, acabamos en «Friends». No la había visto. Había visto escenas, conocía personajes, sabía qué era Central Perk y podía reconocer el sofá naranja sin haber pasado realmente por allí: una forma bastante peculiar de convivir durante décadas con una serie sin verla.
Empezar ahora tiene una ventaja: no hay nostalgia que la proteja. «Friends» comenzó el 22 de septiembre de 1994 y terminó el 6 de mayo de 2004. Fueron diez temporadas y 236 episodios, normalmente de 20 a 22 minutos. Más de treinta años después del estreno, interesa comprobar qué queda cuando la ves sin el contexto de los noventa y sin haber esperado una semana entre capítulo y capítulo.

236 episodios para una idea sencilla
David Crane y Marta Kauffman crearon una serie cuya premisa cabía casi en una servilleta: seis amigos jóvenes intentan averiguar qué hacer con el trabajo, el amor, el dinero y con ellos mismos mientras pasan una cantidad estadísticamente preocupante de tiempo en un café. Kevin S. Bright completó el núcleo productor. El planteamiento no era nuevo, pero «Friends» afinó la fórmula hasta hacerla extraordinariamente fácil de seguir.
Parte de su longevidad está ahí. Cada episodio podía contar una historia relativamente cerrada y, al mismo tiempo, mover un poco las relaciones entre Ross, Rachel, Monica, Chandler, Joey y Phoebe. Los guionistas tenían además seis personajes muy distintos que podían combinar de maneras diferentes. Si una dinámica se agotaba, bastaba con juntar a otros dos.
También funcionó porque nunca acabó convirtiéndose en la serie de uno solo. El reparto defendió esa idea fuera de cámara: sus seis protagonistas negociaron colectivamente y mantuvieron salarios equivalentes. Empezaron cobrando 22.500 dólares por episodio y en las dos últimas temporadas cada uno alcanzó el millón por capítulo.
Las cifras explican por qué NBC y Warner Bros. no tenían prisa por cerrar Central Perk. El episodio emitido después de la Super Bowl de 1996 reunió unos 52,9 millones de espectadores en Estados Unidos y el final, en mayo de 2004, unos 52,5 millones. La serie acumuló 62 nominaciones a los Emmy y ganó seis, incluido el premio a mejor comedia en 2002. Y sus reposiciones siguieron convirtiendo aquellos 236 capítulos en un negocio formidable.
Hay otra razón más sencilla: dura poco. Veintidós minutos siguen siendo veintidós minutos. Entra, cuenta varias historias, coloca sus chistes y se va. Para quienes aterrizamos buscando algo ligero antes de dormir, sigue teniendo una ventaja de diseño difícil de mejorar.
Lo que ha envejecido bien y lo que chirría
Lo mejor conservado es la química. Hay chistes que ya se ven venir, pero el reparto sabe esperar medio segundo, mirar al personaje adecuado o dejar que una reacción termine el trabajo. La comedia física de Ross, la precisión seca de Chandler, la extraña lógica de Phoebe o la solemnidad con la que Joey puede defender una estupidez continúan funcionando porque dependen menos de la moda que del ritmo.
También resulta curioso ese mundo analógico donde nadie puede resolver un malentendido mirando WhatsApp. La gente llama por teléfono, deja mensajes en un contestador y va a un café para encontrarse con otras personas. Incluso el café sirve para hablar y no para fotografiar el café.
Pero hay cosas que crujen. La casi absoluta homogeneidad racial de una serie ambientada en Nueva York es probablemente la más evidente. Marta Kauffman terminó reconociendo que las críticas por la falta de diversidad eran justificadas y en 2022 vinculó esa reflexión a una donación de cuatro millones de dólares a Brandeis University para apoyar estudios africanos y afroamericanos.
También envejecieron peor los chistes sobre el peso de Monica adolescente, el miedo de Chandler a parecer homosexual o buena parte del humor relacionado con su padre y las identidades de género. Al mismo tiempo, la serie podía presentar una pareja de mujeres criando a un hijo, hablar de maternidad en solitario, gestación subrogada o adopción con bastante normalidad para la televisión comercial de los noventa.
Esa contradicción es quizá la forma más útil de verla ahora. A veces resulta sorprendentemente moderna y dos escenas después recuerda de golpe que han pasado treinta años. No hace falta absolverla ni condenarla entera. Incluso sus pisos descomunales en Manhattan pueden aceptarse como parte de la fantasía. Al fin y al cabo, también consiguieron subir un sofá por una escalera.

Seis actores después de Central Perk
Jennifer Aniston convirtió con más claridad el éxito en una carrera cinematográfica sostenida, con películas como «Marley & Me», «Horrible Bosses» o «We’re the Millers». «The Morning Show» la llevó después a un registro más dramático y a la producción ejecutiva; Apple confirmó en julio de 2026 que terminará con una quinta temporada, prevista para 2027.
Courteney Cox ya era un rostro conocido cuando empezó la serie. Durante «Friends» convirtió a Gale Weathers en otro personaje duradero dentro de «Scream», y después llegaron «Cougar Town», trabajos como directora y productora y «Shining Vale». Lisa Kudrow siguió un camino especialmente interesante: creó con Michael Patrick King «The Comeback», desarrolló «Web Therapy» y ha combinado interpretación, guion y producción. «The Comeback» regresó en 2026 para una tercera y última temporada.
Matt LeBlanc fue el único que prolongó directamente su personaje en «Joey», spin-off de dos temporadas. Más tarde interpretó una versión exagerada de sí mismo en «Episodes», trabajo que le dio un Globo de Oro y nominaciones al Emmy. También presentó «Top Gear» y protagonizó «Man with a Plan».
David Schwimmer optó por una carrera menos expuesta: apareció en «Band of Brothers», puso voz a Melman en «Madagascar», dirigió y regresó con fuerza como Robert Kardashian en «The People v. O. J. Simpson: American Crime Story», papel por el que volvió a ser nominado al Emmy.
Y está Matthew Perry. Chandler sigue siendo una demostración de cuánto puede hacerse con una pausa y una frase pronunciada como si el mundo entero resultara ligeramente ridículo. Después trabajó en «Studio 60 on the Sunset Strip», «Go On», «The Odd Couple» y «The Whole Nine Yards». En 2022 publicó sus memorias, «Friends, Lovers, and the Big Terrible Thing», donde habló abiertamente de sus adicciones. Perry murió el 28 de octubre de 2023, a los 54 años. Saber lo que ocurría fuera de cámara añade inevitablemente otra capa al personaje, aunque su precisión cómica sigue funcionando intacta.





Cuando Central Perk parecía una sala VIP
Con diez temporadas y semejante audiencia, la lista de invitados llegó a ser absurda: Julia Roberts, George Clooney, Brooke Shields, Jean-Claude Van Damme, Brad Pitt, Reese Witherspoon, Christina Applegate, Sean Penn, Winona Ryder, Gary Oldman, Danny DeVito o Charlton Heston, entre muchos otros. Tom Selleck tuvo un papel recurrente bastante más importante que un cameo. Bruce Willis apareció en tres episodios y ganó por ellos el Emmy a mejor actor invitado en comedia.
El sistema de producción era menos glamuroso. «Friends» se grababa con varias cámaras y público presente. Algunas sesiones podían rondar las seis horas porque, cuando un chiste no provocaba la reacción esperada, los guionistas lo cambiaban allí mismo y la escena volvía a grabarse. El público funcionaba también como detector de chistes averiados.
El decorado acumuló sus propias historias. El famoso sofá naranja de Central Perk fue encontrado por el decorador Greg Grande en un almacén de utilería de Warner Bros. y restaurado para el plató. La fuente de la cabecera tampoco estaba en Nueva York, sino en el Warner Bros. Ranch de California. Y el embarazo de Lisa Kudrow se incorporó al guion haciendo que Phoebe actuara como gestante para su hermano y su cuñada: un problema práctico convertido en una trama que terminó pareciendo planificada.

La plantilla que heredaron otras comedias
«Friends» no inventó la comedia coral ni el grupo de amigos como familia elegida. Lo que hizo fue empaquetarlo todo en una forma tan reconocible que después resultó difícil hacer una serie sobre veinteañeros o treintañeros en una gran ciudad sin que apareciera la comparación: pisos compartidos, lugar habitual de reunión, romances cruzados y un grupo que acaba siendo más estable que trabajos y parejas.
«How I Met Your Mother» es el heredero más evidente. Su cocreador Craig Thomas ha contado que él y Carter Bays crecieron viendo «Friends» y conocían perfectamente la cantidad de imitaciones que habían fracasado. El narrador desde el futuro y los saltos temporales fueron una manera de diferenciarse de aquel modelo sin fingir que no existía. Después llegaron variaciones como «Happy Endings» o «New Girl». Incluso «Brooklyn Nine-Nine», trasladando el grupo a un trabajo, comparte esa lógica emocional de la familia accidental.
Llegar tan tarde a «Friends» produce así una sensación curiosa. Muchas de sus reglas parecen familiares porque llevamos años viendo series que las copiaron, corrigieron o retorcieron. Algunos chistes han envejecido, aquella Nueva York se parece sospechosamente poco a Nueva York y nadie debería tomar sus alquileres como referencia inmobiliaria. Pero el mecanismo central permanece: seis personajes, veinte minutos y la tentación de ver otro episodio porque tampoco supone tanto compromiso.
Entramos buscando exactamente eso. El pequeño problema es que hay 236.