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Hay una idea que parece tan obvia que resulta extraño que nadie la hubiera utilizado antes: poner a los Minions en el Hollywood del cine mudo. Personajes que llevan quince años sobreviviendo a base de golpes, carreras, explosiones y un idioma que nadie entiende aterrizan precisamente en una época en la que hablar no era un requisito para convertirse en estrella. Durante un rato, «Minions & Monsters» hace que esa ocurrencia parezca prácticamente inevitable.
La nueva película de Illumination se estrenó el 1 de julio de 2026, dura unos 89 minutos y está dirigida por Pierre Coffin, cocreador de los personajes y responsable también de sus voces desde «Gru, mi villano favorito». Esta vez no están Gru, Kevin, Stuart o Bob al frente. La historia presenta otra tribu y se concentra especialmente en James y Henry, dos Minions que terminan descubriendo algo bastante peligroso para criaturas con tan poco sentido de la responsabilidad: el cine.
Y sí, nos han vuelto a funcionar. Siguen siendo geniales, absurdos y muy divertidos. Quizá porque «Minions & Monsters» entiende que no necesitan convertirse en personajes complejos. Basta con ponerlos en el lugar adecuado y esperar unos segundos a que algo salga terriblemente mal.

El cine mudo les queda perfecto
La primera mitad es la mejor idea que ha tenido la saga en bastante tiempo. Los Minions llegan al Hollywood de los años veinte, interfieren donde no deben y acaban convertidos en estrellas. Su manera de moverse, reaccionar y destruir accidentalmente cualquier objeto cercano encaja de forma natural con la tradición del slapstick de Buster Keaton, Charlie Chaplin o Harold Lloyd.
Pierre Coffin no disimula esas referencias. La película juega con la historia del cine, con los estudios de la época, con las películas mudas y con el traumático momento en que apareció el sonido sincronizado y muchas carreras tuvieron que reinventarse. Para unos personajes cuya lengua oficial parece construida mezclando italiano, español, francés, inglés y lo primero que se les ocurre al abrir la boca, la llegada de los diálogos supone un problema laboral bastante serio.
Es una broma sencilla y estupenda.
También permite que la película funcione en dos niveles sin ponerse pesada. Los niños pueden disfrutar viendo a los Minions caer, correr y provocar desastres. Los adultos tienen detrás una colección considerable de referencias a la historia de Hollywood. «Minions & Monsters» incluso arranca jugando con los antiguos logotipos de Universal e integra guiños a clásicos del cine sin convertir la proyección en un examen para cinéfilos. Si uno reconoce la referencia, estupendo. Si no, el Minion probablemente se golpeará con algo dentro de tres segundos y tampoco pasa nada.
La crítica ha destacado precisamente esa parte. Variety la consideró un punto creativo especialmente alto para la saga, mientras que The Hollywood Reporter elogió su mezcla de comedia y cinefilia antes de señalar que el frenesí termina apoderándose de la historia. Es una descripción bastante justa.

Pierre Coffin conoce perfectamente a sus criaturas
«Minions & Monsters» es el primer largometraje de la franquicia dirigido en solitario por Pierre Coffin. No parece un dato menor. Coffin lleva ligado a estas criaturas desde que aparecieron en 2010 y continúa poniendo voz a los Minions, de modo que conoce bastante bien dónde está el límite entre el caos divertido y noventa minutos de alguien agitando un sonajero amarillo delante de la pantalla.
La película incorpora además un reparto de voces mucho más amplio de lo que podría esperarse de una historia protagonizada por seres que básicamente gritan «banana». Christoph Waltz interpreta al cineasta Max; Jeff Bridges presta su voz a dos magnates del estudio; Allison Janney participa como guía de museo, y también aparecen Jesse Eisenberg, Zoey Deutch, Trey Parker, Bobby Moynihan y Phil LaMarr. Hasta George Lucas se reserva un pequeño guiño.
No todos tienen el mismo peso y tampoco lo necesitan. La película sabe que el centro sigue siendo la comedia física. Los actores funcionan como contrapunto de unos protagonistas que pueden arruinar una escena dramática simplemente intentando sentarse correctamente.
James y Henry aportan algo nuevo sin alterar demasiado la fórmula. Tienen objetivos algo más claros que la habitual búsqueda de un villano al que servir y su interés por hacer películas permite que la historia avance sin necesidad de recuperar a Gru. Es una buena decisión. Los Minions nacieron como secundarios perfectos, pero aquí demuestran que pueden sostener una película cuando el guion les da un terreno de juego concreto en lugar de limitarse a encadenar accidentes.
Los monstruos llegan y todo se desmadra
El propio título avisa de que Hollywood no va a ser suficiente.
Cuando James y Henry deciden hacer una película de monstruos y recurren a métodos poco recomendables para conseguir criaturas convincentes, «Minions & Monsters» cambia de marcha. La sátira sobre los estudios, el cine mudo y la llegada del sonoro deja espacio a una aventura mucho más convencional, con criaturas, amenazas y una cantidad creciente de cosas volando por la pantalla.
Aquí aparecen las costuras.
The Guardian ha sido bastante más duro con este cambio y considera que una premisa inteligente termina desembocando en el caos habitual de la franquicia. La objeción tiene sentido: la primera parte posee una personalidad muy concreta y la segunda se acerca más al espectáculo de acción animada que Illumination sabe fabricar casi con los ojos cerrados.
A nosotros nos molesta menos. Es verdad que habría sido estupendo pasar más tiempo con los Minions intentando sobrevivir a Hollywood, porque ahí están los chistes más originales. Pero también es cierto que pedirles contención a estas criaturas es como contratar una banda de chimpancés para ordenar una cristalería y enfadarse después por el resultado.
El tramo final es ruidoso, rápido y deliberadamente excesivo. No añade demasiada profundidad, pero mantiene el ritmo y contiene suficientes gags visuales como para que los 89 minutos pasen con rapidez. La película tampoco comete el error de alargarse hasta las dos horas para demostrar que tiene importancia. Llega, rompe unas cuantas cosas y se marcha.
Se agradece.
John Powell pone orden en el ruido
La música corre a cargo de John Powell, compositor de «Cómo entrenar a tu dragón», «Bourne» y numerosas películas de animación. Su partitura tiene aquí bastante trabajo: debe acompañar slapstick, aventura, monstruos y un Hollywood de los años veinte que la película contempla con cariño pero sin intención arqueológica.
Powell utiliza la orquesta para dar escala a escenas que, sobre el papel, consisten muchas veces en pequeñas criaturas amarillas tomando decisiones desastrosas. La música puede sonar grandiosa sin que la película se tome grandiosamente a sí misma. Esa diferencia es importante.
Back Lot Music explicó que la partitura se diseñó precisamente alrededor del Hollywood de los años veinte y de la transición del cine mudo al sonoro. El resultado ayuda a unir dos películas que por momentos parecen competir entre sí: la comedia cinéfila de la primera mitad y la aventura de monstruos de la segunda.
Y funciona especialmente bien cuando la música hace de narradora. Los Minions nunca han necesitado conversaciones demasiado elaboradas. Una melodía, una mirada, un objeto colocado en el peor sitio posible y medio segundo de silencio antes del golpe suelen bastar.

Siguen siendo idiotas. Menos mal
Hay franquicias que, después de demasiadas entregas, empiezan a comportarse como si necesitaran justificar su existencia mediante universos expandidos, mitologías complicadas y personajes traumatizados. Los Minions continúan buscando jefes malvados, pronunciando palabras sin sentido y sobreviviendo a accidentes que dejarían a cualquier mamífero razonable ingresado durante meses.
Ese inmovilismo forma parte de su encanto.
«Minions & Monsters» no reinventa los Minions, pero encuentra para ellos un escenario especialmente bueno. El Hollywood del cine mudo les sienta tan bien que casi da pena cuando la película decide marcharse hacia los monstruos y la acción. Aun así, conserva suficiente inventiva, animación espléndida y comedia física como para mantenerse por encima de una simple repetición de fórmula.
En España, el ICAA la calificó como no recomendada para menores de siete años y especialmente recomendada para la infancia. La respuesta comercial tampoco ha sido precisamente discreta: el organismo registra más de 1,7 millones de espectadores y cerca de 12 millones de euros de recaudación en salas españolas.
Pero los números explican el tamaño del fenómeno, no por qué seguimos riéndonos.
Quizá sea algo mucho más sencillo. Un Minion puede entrar en un estudio de cine, encontrar una cámara, una escalera y un monstruo y sabemos perfectamente que todo va a terminar mal. Lo único que no sabemos es cómo. «Minions & Monsters» sigue encontrando maneras bastante eficaces de responder a esa pregunta.
Después de tantas películas, bananas y explosiones, eso tiene mérito.