Sarampión, el regreso de una enfermedad que dábamos por superada

Durante años, el saram­pión fue el ejem­plo per­fec­to de lo que la vacu­na­ción pue­de con­se­guir: entre 2000 y 2024 se evi­ta­ron alre­de­dor de 59 millo­nes de muer­tes gra­cias a la vacu­na, y las defun­cio­nes anua­les caye­ron de unas 780.000 a unas 95.000 en 2024. Esa his­to­ria de éxi­to hizo que muchos paí­ses lo die­ran prác­ti­ca­men­te por “eli­mi­na­do” y rela­ja­ran la vigi­lan­cia, como quien deja de mirar los retro­vi­so­res por­que lle­va muchos kiló­me­tros sin sus­tos.

Sin embar­go, esa sen­sa­ción de segu­ri­dad lle­gó jus­to cuan­do el sis­te­ma empe­za­ba a agrie­tar­se, sobre todo tras la pan­de­mia de covid-19, que inte­rrum­pió pro­gra­mas de inmu­ni­za­ción ruti­na­ria, colap­só ser­vi­cios de salud y dejó a millo­nes de niños sin sus dosis de recuer­do. Además, se jun­tó con algo más escu­rri­di­zo que un virus: la duda. Campañas de des­in­for­ma­ción, teo­rías cons­pi­ra­ti­vas y men­sa­jes vira­les que mez­clan medias ver­da­des con men­ti­ras gor­das han cala­do en padres y madres que, en otras cir­cuns­tan­cias, habrían lle­va­do a sus hijos al cen­tro de salud sin tan­ta angus­tia.

El resul­ta­do de este cóc­tel se ve cla­ra­men­te en los datos: en las Américas, los casos de saram­pión pasa­ron de ape­nas 358 en el perio­do equi­va­len­te de 2024 a más de 11.000 en 2025, un aumen­to de 31 veces, mien­tras que paí­ses que habían pre­su­mi­do de estar libres de saram­pión han per­di­do esa eti­que­ta en tiem­po récord. Es como si hubié­ra­mos baja­do la guar­dia jus­to cuan­do el rival empe­za­ba a calen­tar en la ban­da.

Por si fue­ra poco, el saram­pión no es un cata­rro inten­so ni una sim­ple erup­ción pasa­je­ra: es una enfer­me­dad extre­ma­da­men­te con­ta­gio­sa, capaz de gene­rar has­ta 18 infec­cio­nes secun­da­rias a par­tir de una sola per­so­na, y pue­de cau­sar com­pli­ca­cio­nes gra­ves como neu­mo­nía, ence­fa­li­tis, cegue­ra o muer­te, espe­cial­men­te en niños peque­ños y per­so­nas inmu­no­de­pri­mi­das. Aunque la mayo­ría se recu­pe­ra en dos o tres sema­nas, para miles de fami­lias al año el des­en­la­ce sigue sien­do trá­gi­co y total­men­te evi­ta­ble.

Mundial 2026: estadios llenos, vacunación vacía

El bro­te actual en Estados Unidos, Canadá y México no podría haber ele­gi­do un esca­pa­ra­te más visi­ble: las sedes del Mundial de fút­bol 2026, que en menos de cua­tro meses reci­bi­rán a millo­nes de afi­cio­na­dos de todo el pla­ne­ta. En lugar de car­te­les de “fies­ta del fút­bol” podría­mos ima­gi­nar otro que reza­ra: “con­di­cio­nes idea­les para que un virus res­pi­ra­to­rio ultra con­ta­gio­so haga su agos­to en pleno verano”.

México es aho­ra mis­mo el epi­cen­tro más preo­cu­pan­te del bro­te en América del Norte, con más de 9.000 casos con­fir­ma­dos y al menos 28 muer­tes des­de 2025, ade­más de trans­mi­sión en todos los esta­dos del país. Estados como Jalisco, Chihuahua, Chiapas o Sinaloa con­cen­tran bue­na par­te de los con­ta­gios y ame­na­zan con hacer que México pier­da su con­di­ción de país libre de saram­pión, jus­to cuan­do la Ciudad de México inten­ta alcan­zar la inmu­ni­dad colec­ti­va antes del par­ti­do inau­gu­ral gra­cias a cam­pa­ñas inten­si­vas de vacu­na­ción.

Canadá ofre­ce una ima­gen casi sim­bó­li­ca de este retro­ce­so: pasó de estar cer­ti­fi­ca­do como país libre de saram­pión entre 1998 y 2024, con alre­de­dor de 91 casos anua­les, a regis­trar unos 5.450 casos en 2025, lo que le hizo per­der esa cer­ti­fi­ca­ción de for­ma abrup­ta. Provincias como Ontario y Alberta han vis­to cómo su cober­tu­ra vacu­nal caía por deba­jo del 95%, el umbral que se con­si­de­ra míni­mo para fre­nar la trans­mi­sión, y aho­ra piden que se exi­jan prue­bas de vacu­na­ción a juga­do­res y per­so­nal del Mundial para poder ras­trear bro­tes de mane­ra más pre­ci­sa.

En Estados Unidos, el foco está en esta­dos como Carolina del Sur y Texas, don­de las tasas de vacu­na­ción infan­til ron­dan el 88–89%, cla­ra­men­te insu­fi­cien­tes para una enfer­me­dad que no per­do­na nin­gún hue­co en la mura­lla inmu­ni­ta­ria. Condados como Spartanburg con­cen­tran casi la mitad de los casos nacio­na­les y han obli­ga­do a impro­vi­sar dis­po­si­ti­vos de aten­ción al aire libre para evi­tar mez­clar pacien­tes con saram­pión con otros enfer­mos, una ima­gen muy grá­fi­ca de has­ta qué pun­to una enfer­me­dad “del pasa­do” pue­de des­cua­drar un sis­te­ma sani­ta­rio moderno.

Mientras tan­to, la Organización Panamericana de la Salud ha lan­za­do varias aler­tas epi­de­mio­ló­gi­cas, recor­dan­do que en las pri­me­ras sema­nas de 2026 ya se habían regis­tra­do más de mil casos adi­cio­na­les en la región y pidien­do urgen­cia para refor­zar tan­to las cam­pa­ñas de vacu­na­ción como la vigi­lan­cia, espe­cial­men­te de cara a even­tos masi­vos como la Copa Mundial. La para­do­ja es bru­tal: un acon­te­ci­mien­to pen­sa­do para cele­brar el depor­te glo­bal se ha con­ver­ti­do tam­bién en un gigan­tes­co test de estrés para la salud públi­ca inter­na­cio­nal.

Antivacunas, conspiraciones y la grieta de la confianza

Si uno se que­da solo con el rela­to de los anti­va­cu­nas podría pen­sar que esta­mos ante una épi­ca bata­lla de “gen­te des­pier­ta” con­tra un sis­te­ma opa­co que nos quie­re inyec­tar cosas mis­te­rio­sas. La reali­dad es menos cine­ma­to­grá­fi­ca, pero mucho más peli­gro­sa: la des­in­for­ma­ción ha con­se­gui­do ero­sio­nar uno de los con­sen­sos más sóli­dos de la medi­ci­na moder­na, el de la uti­li­dad y segu­ri­dad de las vacu­nas.

Durante y des­pués de la pan­de­mia de covid-19 se mul­ti­pli­ca­ron men­sa­jes que vin­cu­la­ban las vacu­nas con todo tipo de efec­tos catas­tro­fis­tas, des­de la infer­ti­li­dad has­ta el con­trol men­tal, pasan­do por la ya refu­ta­da idea de que cau­san autis­mo, a pesar de que no hay evi­den­cia seria que sos­ten­ga esas afir­ma­cio­nes. En Estados Unidos, figu­ras públi­cas como Robert F. Kennedy Jr. han capi­ta­li­za­do ese males­tar, pre­sen­tan­do la des­con­fian­za en la cien­cia como un acto de rebel­día o de “bue­na mater­ni­dad” fren­te a unos exper­tos supues­ta­men­te ven­di­dos, un dis­cur­so que sue­na muy atrac­ti­vo en un vídeo viral de trein­ta segun­dos.

El pro­ble­ma es que las redes socia­les han con­ver­ti­do este rui­do en un eco­sis­te­ma per­fec­to para las teo­rías cons­pi­ra­ti­vas, don­de un hilo de Telegram o un vídeo en TikTok tie­ne, a ojos de mucha gen­te, el mis­mo peso que años de estu­dios revi­sa­dos por pares. Así, fami­lias que no ten­drían nin­gún repa­ro en tomar un ibu­pro­feno o en hacer­se una radio­gra­fía empie­zan a dudar cuan­do se tra­ta de poner una vacu­na con déca­das de uso y un per­fil de segu­ri­dad extra­or­di­na­ria­men­te cla­ro.

Esta ero­sión de la con­fian­za no ocu­rre en el vacío. Se engan­cha con pro­ble­mas reales: sis­te­mas sani­ta­rios satu­ra­dos, citas impo­si­bles en pri­ma­ria, des­igual­da­des socia­les y una sen­sa­ción gene­ra­li­za­da de que las ins­ti­tu­cio­nes no siem­pre dicen toda la ver­dad. En ese cal­do de cul­ti­vo, la narra­ti­va de “yo cui­do mejor a mi fami­lia des­con­fian­do de todo” enca­ja dema­sia­do bien, aun­que la con­se­cuen­cia sea, iró­ni­ca­men­te, expo­ner a esos mis­mos niños a un virus que pue­de dejar­les secue­las de por vida.

Por eso la OMS y otros orga­nis­mos lle­van tiem­po insis­tien­do en que el saram­pión sue­le ser la pri­me­ra enfer­me­dad en reapa­re­cer cuan­do decaen las tasas de vacu­na­ción, un avi­so que tie­ne un pun­to casi pro­fé­ti­co: si fla­quea la con­fian­za en una de las vacu­nas más efi­ca­ces que exis­ten, el res­to del edi­fi­cio tam­bién empie­za a tem­blar. No es casual que, jun­to al repun­te del saram­pión, se obser­ven des­cen­sos en la cober­tu­ra de otras inmu­ni­za­cio­nes bási­cas como la dif­te­ria, el téta­nos, la tos­fe­ri­na o la polio en Europa y Asia Central.

La vacuna: un muro con fisuras, no un escudo roto

Entre tan­ta alar­ma y tan­to rui­do, con­vie­ne recor­dar una ver­dad que no debe­ría ser polé­mi­ca: la vacu­na del saram­pión fun­cio­na, es segu­ra y cues­ta menos de un dólar por niño, pero nece­si­ta dos dosis bien admi­nis­tra­das y una cober­tu­ra de al menos el 95% para crear una inmu­ni­dad de gru­po robus­ta. Dicho de otra for­ma, no bas­ta con “vacu­nar bas­tan­te”, por­que el virus es tan con­ta­gio­so que se cue­la por cual­quier ren­di­ja que deje­mos abier­ta.

En 2024, alre­de­dor del 84% de los niños reci­bió al menos una dosis de la vacu­na con­tra el saram­pión, pero solo el 76% lle­gó a la segun­da dosis, una dife­ren­cia que se tra­du­ce en millo­nes de peque­ños con una pro­tec­ción incom­ple­ta, espe­cial­men­te en paí­ses de ren­ta baja o con sis­te­mas de salud frá­gi­les. En la Región de las Américas, la situa­ción es pare­ci­da: las cober­tu­ras de la pri­me­ra y segun­da dosis ron­dan el 89% y el 79%, y menos de un ter­cio de los paí­ses logran alcan­zar el ansia­do 95% de vacu­na­ción sos­te­ni­da.

Europa y Asia Central ofre­cen un esce­na­rio curio­so: tras un pico de más de 120.000 casos en 2024, los datos pre­li­mi­na­res de 2025 apun­tan a un des­cen­so has­ta unos 34.000 casos, pero, aun así, las auto­ri­da­des insis­ten en que el núme­ro de bro­tes sigue sien­do alto y que los sis­te­mas de infor­ma­ción podrían estar infra­de­cla­ran­do casos. En para­le­lo, la cober­tu­ra de la segun­da dosis de la vacu­na tri­ple víri­ca (saram­pión, pape­ras, rubéo­la) ha caí­do lige­ra­men­te des­de 2019, y algu­nos paí­ses pre­sen­tan cifras tan bajas como el 23% para la pri­me­ra dosis, una puer­ta abier­ta de par en par a futu­ros bro­tes.

Lo intere­san­te es que, allí don­de se actúa con rapi­dez, se ve un efec­to casi inme­dia­to: cam­pa­ñas masi­vas de vacu­na­ción, refuer­zos puer­ta a puer­ta y estra­te­gias diri­gi­das a zonas con­cre­tas logran fre­nar el cre­ci­mien­to de casos e inclu­so rever­tir­lo en cues­tión de meses. El pro­ble­ma no es que no sepa­mos qué hacer, sino que la volun­tad polí­ti­ca y el múscu­lo orga­ni­za­ti­vo no siem­pre están ali­nea­dos, o se topan con pre­su­pues­tos limi­ta­dos y prio­ri­da­des que com­pi­ten entre sí.

Mientras tan­to, la OMS recuer­da que, sin una aten­ción sos­te­ni­da, los logros se pier­den con faci­li­dad, y que el saram­pión ha resur­gi­do pre­ci­sa­men­te en paí­ses que esta­ban muy cer­ca de eli­mi­nar­lo o que ya lo habían con­se­gui­do. Es un recor­da­to­rio incó­mo­do para quie­nes veían la vacu­na­ción como un capí­tu­lo cerra­do de la his­to­ria: en reali­dad se pare­ce más a una sus­crip­ción que hay que reno­var gene­ra­ción tras gene­ra­ción, no a una haza­ña que se pue­da dar por hecha para siem­pre.

Cómo frenar el rebrote (sin caer en la trinchera)

Hablar de anti­va­cu­nas y cons­pi­ra­cio­nes sin con­ver­tir todo en una gue­rra de ban­dos es com­pli­ca­do, pero nece­sa­rio si que­re­mos cam­biar algo. No todos los que dudan de las vacu­nas son cons­pi­ra­noi­cos recal­ci­tran­tes; muchos son padres des­bor­da­dos, per­so­nas que han reci­bi­do men­sa­jes con­tra­dic­to­rios o que han teni­do malas expe­rien­cias con el sis­te­ma sani­ta­rio y aho­ra miran cual­quier reco­men­da­ción con lupa. Si a eso le sumas una ava­lan­cha de con­te­ni­dos alar­mis­tas, el resul­ta­do lógi­co es la pará­li­sis.

Los exper­tos en salud públi­ca lle­van tiem­po insis­tien­do en que la res­pues­ta no pue­de limi­tar­se a repe­tir “las vacu­nas son segu­ras” como un man­tra, por­que ese eslo­gan se estre­lla con­tra un muro de des­con­fian­za que tie­ne raí­ces socia­les, cul­tu­ra­les y polí­ti­cas. Hace fal­ta algo mucho más incó­mo­do para las ins­ti­tu­cio­nes: reco­no­cer erro­res de comu­ni­ca­ción duran­te la pan­de­mia, mejo­rar la trans­pa­ren­cia en la toma de deci­sio­nes, faci­li­tar el acce­so a datos cla­ros y, sobre todo, escu­char de ver­dad las dudas de la gen­te sin ridi­cu­li­zar­las de entra­da.

Por el lado prác­ti­co, las estra­te­gias que mejor fun­cio­nan com­bi­nan varias capas: recu­pe­rar cam­pa­ñas de vacu­na­ción de ruti­na en escue­las y cen­tros de salud, habi­li­tar pun­tos móvi­les en barrios con baja cober­tu­ra, apro­ve­char visi­tas por otros moti­vos para revi­sar calen­da­rios vacu­na­les y, cuan­do es nece­sa­rio, esta­ble­cer requi­si­tos de inmu­ni­za­ción para escue­las o even­tos masi­vos, siem­pre con mar­gen para excep­cio­nes médi­cas bien jus­ti­fi­ca­das. Estas medi­das pue­den sonar poco gla­mou­ro­sas com­pa­ra­das con los titu­la­res del Mundial, pero son la base silen­cio­sa que evi­ta que un virus con­vier­ta un esta­dio lleno en un super­con­ta­gio.

También es cla­ve tra­ba­jar con figu­ras loca­les de con­fian­za: pedia­tras, enfer­me­ras de barrio, líde­res comu­ni­ta­rios, docen­tes e inclu­so crea­do­res de con­te­ni­do que sepan tra­du­cir la evi­den­cia cien­tí­fi­ca a un len­gua­je com­pren­si­ble sin per­der rigor. Una char­la hones­ta de diez minu­tos con alguien en quien con­fías vale más que cien info­gra­fías ins­ti­tu­cio­na­les que pare­cen dise­ña­das para apro­bar un examen, no para con­ven­cer a una madre que ha pasa­do la noche leyen­do hilos alar­mis­tas.

En últi­ma ins­tan­cia, lo que nos juga­mos con el saram­pión va más allá de una sola enfer­me­dad. Es un ter­mó­me­tro de has­ta qué pun­to segui­mos cre­yen­do en la vacu­na­ción como pro­yec­to colec­ti­vo, esa idea un poco anti­gua pero tre­men­da­men­te pode­ro­sa de que mi pin­cha­zo pro­te­ge tam­bién al bebé de la per­so­na que va a mi lado en el metro. Y, si per­de­mos eso, el pro­ble­ma ya no será solo un virus que vuel­ve, sino la cer­te­za de que, ante el pró­xi­mo, esta­re­mos mucho peor pre­pa­ra­dos.


Referencias

  • Organización Mundial de la Salud. (2025). Sarampión: nota des­crip­ti­va. OMS. Panorama gene­ral de la enfer­me­dad, trans­mi­sión, impac­to glo­bal de la vacu­na­ción y situa­ción recien­te de cober­tu­ras y muer­tes evi­ta­das.
  • France 24. (2026, 16 febre­ro). EE. UU., Canadá y México en apu­ros: ¿qué hay detrás del bro­te de saram­pión en las sedes del Mundial? France 24. Reportaje sobre el bro­te en Norteamérica y su víncu­lo con el Mundial 2026 y la des­in­for­ma­ción.
  • Organización Panamericana de la Salud. (2025, 19 sep­tiem­bre). La OPS inten­si­fi­ca su lla­ma­do a for­ta­le­cer la vacu­na­ción ante el aumen­to de casos de saram­pión. OPS. Análisis del incre­men­to de casos en las Américas y las bre­chas de cober­tu­ra vacu­nal.
  • Euronews / OMS Europa. (2025, 27 noviem­bre). Los casos de saram­pión subie­ron un 47% en Europa y Asia Central el año pasa­do. Euronews. Reporte sobre el repun­te euro­peo y el papel de la dis­mi­nu­ción de la vacu­na­ción infan­til.
  • El Confidencial. (2025, 14 julio). Europa regis­tró 125.000 casos de saram­pión y 300.000 de otras enfer­me­da­des pre­ve­ni­bles por vacu­na. El Confidencial. Estudio sobre el estan­ca­mien­to y des­cen­so de la cober­tu­ra vacu­nal en Europa y Asia Central.

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