Entre fantasmas y melodías: Eels renace siempre

Tiempo de lec­tu­ra:
±6 minu­tos

Para escu­char mien­tras lees:

De Beautiful Freak a Extreme Witchcraft: el viaje sonoro de Eels

El mun­do cono­ció a Eels en 1996, pero la his­to­ria de esta ban­da no comien­za ahí. Mark Oliver Everett, cono­ci­do como Mr. E, ya había deja­do seña­les de su inquie­tud com­po­si­ti­va en dos álbu­mes solis­tas, «A Man Called E» y «Broken Toy Shop», que no pre­sa­gia­ban la den­si­dad emo­cio­nal de lo que ven­dría. E eli­gió la músi­ca por pura nece­si­dad vital, una brú­ju­la incier­ta en una vida mar­ca­da por la tra­ge­dia. Eels no es un gru­po al uso: es una for­ma­ción hecha a la medi­da de Everett, con músi­cos rotan­do en torno a un cen­tro de gra­ve­dad emo­cio­nal don­de lo per­so­nal y lo artís­ti­co nun­ca han esta­do sepa­ra­dos.

Su debut, «Beautiful Freak», no tar­dó en lla­mar la aten­ción. Una extra­ñe­za dul­ce, casi naíf, con can­cio­nes como «Novocaine for the Soul» y «Susan’s House» que se des­li­za­ron por la radio como si fue­ra fácil hablar del ais­la­mien­to y la bús­que­da de sen­ti­do. Pero el ver­da­de­ro pun­to de infle­xión lle­gó, abrup­to, con el álbum «Electro-Shock Blues». El sui­ci­dio de su her­ma­na y la enfer­me­dad ter­mi­nal de su madre con­vir­tie­ron este dis­co en un refu­gio líri­co para todo aquel que ha cono­ci­do el dolor pro­fun­do. Aquí es don­de la músi­ca de Eels se dis­tan­cia de cual­quier eti­que­ta: las letras de Everett se vuel­ven con­fe­sión, exor­cis­mo y bál­sa­mo para cica­tri­ces que nun­ca lle­ga­rán a cerrar­se del todo.

A par­tir de ahí, la evo­lu­ción esti­lís­ti­ca de la ban­da pare­ce mover­se al com­pás de la vida de E. Cada dis­co es dis­tin­to pero reco­no­ci­ble, como un dia­rio per­so­nal con el tiem­po recons­trui­do entre teclas y gui­ta­rras. «Daisies of the Galaxy» mos­tró su cara más lumi­no­sa; «Souljacker» abra­zó la dis­tor­sión y la cru­de­za; «Blinking Lights and Other Revelations» fue su obra mag­na, doble álbum, lleno de deta­lles y cola­bo­ra­cio­nes, una espe­cie de tes­ta­men­to sobre el asom­bro cons­tan­te ante la vida y la muer­te. Y, sin embar­go, quie­nes le siguen saben que cada regre­so de Eels es ines­pe­ra­do y, a la vez, exac­ta­men­te lo que se nece­si­ta para res­pi­rar otro poco.

Los años 2000 tra­je­ron la tri­lo­gía for­ma­da por «Hombre Lobo», «End Times» y «Tomorrow Morning», obras don­de el deseo, el des­en­ga­ño y la tími­da espe­ran­za emer­gen y retro­ce­den como las mareas. ¿Se pue­de tener sen­ti­do del humor en medio del nau­fra­gio? Eels res­pon­de siem­pre con un sí resig­na­do, pero con­ven­ci­do. Tras varias giras y expe­ri­men­tos en el direc­to ‑como la Eels Orchestra o gra­ba­cio­nes en vivo tan des­car­na­das como «With Strings: Live at Town Hall»- Everett siguió explo­ran­do rutas sono­ras: el opti­mis­mo camu­fla­do de «Wonderful, Glorious» y la mira­da hacia el pasa­do en «The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett».

El paso de las déca­das no ha res­ta­do inquie­tud al pro­yec­to. Álbumes recien­tes como «The Deconstruction», «Earth to Dora» y «Extreme Witchcraft» demues­tran que, lejos de ago­tar­se, la crea­ti­vi­dad de Eels flo­re­ce en ese pun­to exac­to entre extra­ñe­za, melan­co­lía y des­ape­go. Hay algo pro­fun­da­men­te humano en su mane­ra de con­ju­gar lo tri­vial y lo exis­ten­cial; una ban­da sono­ra para los que toda­vía no se han resig­na­do a dejar de sen­tir.

Mark Oliver Everett - The Eels

Mark Oliver Everett: duelos, demonios y canciones que arden

La músi­ca de Eels es un espe­jo de car­ne, vul­ne­ra­ble y extra­ño. Tras ese espe­jo está Mark Oliver Everett, el gran narra­dor de lo coti­diano atra­ve­sa­do por la pér­di­da. Su bio­gra­fía es, sin exa­ge­rar, una de las más áspe­ras del rock alter­na­ti­vo: hijo del físi­co teó­ri­co Hugh Everett III ‑crea­dor de la inter­pre­ta­ción de los «uni­ver­sos múl­ti­ples»-, Mark encon­tró pron­to el abis­mo en casa. La muer­te súbi­ta de su padre, pri­me­ro; el sui­ci­dio de su her­ma­na y el cán­cer ter­mi­nal de su madre, des­pués. A Everett no le que­dó más reme­dio que con­ver­tir los peo­res capí­tu­los de su vida en can­cio­nes, a menu­do des­ga­rra­do­ras y siem­pre hones­tas.

La rela­ción entre su his­to­ria per­so­nal y sus dis­cos es indi­so­lu­ble. «Electro-Shock Blues» es direc­ta­men­te una car­ta de amor y rabia a su fami­lia per­di­da, don­de temas como «Elizabeth on the Bathroom Floor» y «Dead of Winter» retra­tan la angus­tia sin fil­tros, y aun así dejan espa­cio a la belle­za. El pro­pio E reco­no­ce en entre­vis­tas que la músi­ca le ha ser­vi­do para sal­var­se de sí mis­mo, pero tam­bién para reír­se de todo aque­llo que hie­re. No hay arti­fi­cio en sus letras; sí, en cam­bio, un humor seco, casi cíni­co, que des­ar­ma la solem­ni­dad y con­vier­te el dolor en resis­ten­cia.

Everett no se ha reser­va­do nada: tan­to en sus letras como en sus memo­rias, «Cosas que los nie­tos debe­rían saber», narra sus derro­tas fami­lia­res como si fue­ran la mate­ria pri­ma de cual­quier vida bien vivi­da. Los dra­mas no se exhi­ben como tro­feos, más bien apa­re­cen como som­bras que acom­pa­ñan cada com­po­si­ción. Esta sin­ce­ri­dad, lejos de con­ver­tir sus dis­cos en expe­rien­cias lúgu­bres, los dota de una auten­ti­ci­dad pocas veces igua­la­da. No hay pose, solo una exten­sa cró­ni­ca sobre lo que sig­ni­fi­ca sobre­vi­vir, reír­se o ren­dir­se por un rato.

En direc­to, Mr. E trans­mi­te esta mez­cla de dis­tan­cia y cali­dez: bro­mea, se des­pis­ta, a veces no pare­ce saber muy bien dón­de está. Y sin embar­go, cuan­do coge la gui­ta­rra el esce­na­rio se con­vier­te en una segun­da casa don­de cual­quier heri­da nue­va que­da aten­di­da, aun­que solo sea duran­te tres minu­tos y medio. Mark Oliver Everett es, y sigue sien­do, un super­vi­vien­te que ha hecho del pop un espa­cio de expia­ción y ale­gría anó­ma­la.

Discografía de The Eels

Un legado donde el dolor tiene ritmo y cura

Hablar de la influen­cia de Eels es hablar de la capa­ci­dad de sus dis­cos para fun­cio­nar como con­sue­lo impro­ba­ble, ban­da sono­ra de días gri­ses y noches insom­nes. Pocos gru­pos alter­na­ti­vos pue­den pre­su­mir de un catá­lo­go tan permea­ble al paso del tiem­po y a los vai­ve­nes de su autor. A tra­vés de 14 álbu­mes de estu­dio y dece­nas de direc­tos, rare­zas y reco­pi­la­to­rios, Eels ha sabi­do adap­tar­se y desa­fiar cual­quier eti­que­ta defi­ni­ti­va: tie­nen alma de indie, cora­zón de pop y tras­tien­da de songw­ri­ter devas­ta­do.

Parte de esta vigen­cia radi­ca en no tener mie­do al cam­bio ni a la imper­fec­ción. Como cuen­ta el pro­pio Everett, gra­bar en direc­to sue­le depa­rar erro­res y momen­tos incó­mo­dos, pero la suma de todo eso es la ver­dad del gru­po. Hay dis­cos gra­ba­dos en una noche y obras a fue­go len­to; can­cio­nes com­pues­tas en la eufo­ria y otras como úni­co sal­va­vi­das. Eels ha influi­do en toda una gene­ra­ción de músi­cos y oyen­tes por esa mez­cla de hones­ti­dad, sen­ti­do del humor y una ter­nu­ra que atra­vie­sa cada reco­ve­co de su dis­co­gra­fía.

Su som­bra es alar­ga­da, aun­que siem­pre escu­rri­di­za: Mark Everett cita como influen­cias a Ray Charles y a músi­cos con­tem­po­rá­neos tan dis­pa­res como Father John Misty, pero nun­ca ha que­ri­do per­te­ne­cer a una esce­na. Eels es y será siem­pre un terri­to­rio pro­pio, don­de el dolor y la iro­nía bai­lan jun­tos. El lega­do de la ban­da tras­cien­de for­ma­tos y modas por­que sabe habi­tar el pre­sen­te sin nos­tal­gia ni impos­tu­ra. No hay reden­ción ins­tan­tá­nea, pero sí la posi­bi­li­dad de acom­pa­ñar, de recor­dar­nos que reí­mos y llo­ra­mos igual en cada idio­ma.

En un mun­do cada vez más dado al dis­fraz, Eels bri­llan por la fran­que­za de sus cica­tri­ces. Su músi­ca no pro­me­te sal­var­te, pero sí hacer­te sen­tir vis­to en tu rare­za, en tus derro­tas, en el con­sue­lo ines­pe­ra­do de una melo­día que nos sobre­vi­ve siem­pre un poco más.


Camiseta recomendada

Camiseta The Eels en Singular Shirts

Descubre más desde Alberto Gombáu

Suscríbete y reci­be las últi­mas entra­das en tu correo elec­tró­ni­co.

Deja una respuesta