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Hay una clase de trabajo que no parece trabajo hasta que se acumula. Cuatro fotografías llegan como HEIC, hay que pasarlas a JPEG, reducirlas, ponerles nombres comprensibles y guardarlas en la carpeta correcta. Ninguno de esos pasos exige talento, pero todos reclaman atención. Cinco minutos aquí, tres minutos mañana y, al cabo de unas semanas, una pequeña colección de decisiones idénticas.
Atajos resulta interesante precisamente en ese terreno poco heroico. No hace falta pedirle que controle una casa, redacte un informe y encienda música ambiental al mismo tiempo. Puede limitarse a recibir unos archivos seleccionados en el Finder, ejecutar cuatro acciones previsibles y devolver un resultado. La ganancia está en que el procedimiento deja de depender de nuestra memoria y aparece donde hace falta: al pulsar con Control sobre un archivo.
El botón derecho como lugar de trabajo
Finder ya incluye acciones rápidas capaces de convertir imágenes, reducir su tamaño o crear un PDF. Para una operación ocasional, son suficientes y sería absurdo reconstruirlas por afición a la maquinaria. Atajos empieza a justificar su presencia cuando repetimos siempre la misma variante: JPEG a una anchura concreta, nombres con numeración estable, una estructura fija de carpetas o un PDF guardado con una denominación determinada.
La mecánica general es sencilla. Se crea un atajo nuevo, se abre su panel de detalles y se activa «Usar como acción rápida». Después se indica qué puede recibir: imágenes, archivos, carpetas o PDF. Esa elección limpia el menú contextual, porque macOS oculta los atajos que no sirven para el contenido seleccionado. Si uno recibe imágenes, no tiene por qué aparecer al pulsar sobre una hoja de cálculo.
Apple permite ejecutar estos flujos desde el Finder, el menú Servicios, la barra de menús, el Dock, un widget, el Centro de control o una combinación de teclado. La abundancia de entradas puede despistar. Para las cuatro tareas de este artículo, la acción rápida del Finder es la más lógica: el material ya está delante y la selección actúa como entrada. Si el atajo no aparece, suele bastar con activarlo en Ajustes del Sistema, dentro de Privacidad y seguridad, Extensiones y Finder.
Antes de automatizar archivos conviene trabajar con copias. Atajos puede renombrar, mover y guardar con una obediencia impecable, incluida la parte en la que nuestra idea estaba mal planteada. Una carpeta de prueba con cinco documentos resulta más instructiva que una explicación solemne sobre la prudencia.

Imágenes listas para publicar
El primer atajo recibe una o varias imágenes y entrega copias preparadas para una web, un correo o una presentación. En sus detalles configuramos la entrada como «Imágenes» y marcamos Finder y «Usar como acción rápida». Dentro del editor añadimos «Solicitar entrada», elegimos el tipo Número y escribimos una pregunta como «Anchura máxima en píxeles». Un valor predeterminado de 1600 evita escribirlo cada vez, aunque sigue siendo modificable al ejecutar el flujo.
La salida de esa pregunta pasa a «Redimensionar imagen». Se fija la anchura con el número recibido y se deja que la altura se calcule automáticamente, de modo que la proporción original no cambia. A continuación, «Convertir imagen» genera un JPEG. Una calidad cercana al 85 % puede ser un punto de partida razonable para pantalla sin convertir cada cielo en una escalera de bloques, aunque el ajuste dependerá del tipo de imagen y del destino.
El último paso es «Guardar archivo». Para la primera versión merece la pena mantener activada la pregunta sobre la ubicación. Añade un clic, pero evita que el atajo mezcle originales y copias o sobrescriba algo mientras todavía estamos comprobando su comportamiento. Cuando el flujo ya resulte fiable, puede guardarse siempre en una carpeta concreta, por ejemplo «Exportaciones web».
Este atajo no impresiona durante la demostración: seleccionamos doce imágenes, elegimos una anchura y una carpeta. La diferencia aparece después, cuando todas tienen el mismo límite, el mismo formato y un criterio de compresión repetible. Vista Previa también permite convertir imágenes a HEIC, JPEG, PNG, TIFF y otros formatos, además de regular la calidad del JPEG, pero exige abrirlas y recorrer un cuadro de exportación. Aquí la operación queda adherida a los archivos.

Nombres y carpetas sin improvisación
Finder posee una herramienta competente para renombrar varios ítems. Puede sustituir texto, añadirlo o aplicar un formato con índice, contador o fecha. Conviene usarla cuando el cambio es puntual. El atajo merece el esfuerzo si la convención vuelve cada semana, por ejemplo «proyecto-01.jpg», «proyecto-02.jpg» y así sucesivamente, conservando la extensión de cada archivo.
El flujo recibe «Archivos» desde Finder y comienza con «Filtrar archivos», ordenados por nombre ascendente. Este paso no transforma nada; establece un orden conocido antes de numerar. Después, «Solicitar entrada» pide el nombre base. «Repetir con cada uno» recorre la selección y proporciona dos variables muy útiles: el archivo actual y el índice de repetición, que empieza en 1 y aumenta en cada vuelta.
Dentro del bucle, «Dar formato a número» presenta el índice con dos dígitos: 01, 02, 03. «Obtener detalles de los archivos» recupera la extensión del ítem actual. Una acción «Texto» compone el nombre base, un guion, el número y la extensión. Por último, «Renombrar archivo» aplica el resultado al ítem actual. Si la selección contiene nombres que podrían chocar con los nuevos, la prueba previa deja de ser una recomendación decorativa.
Crear la estructura de un proyecto requiere una pequeña excursión fuera de las acciones más evidentes. El atajo recibe una carpeta, pregunta el nombre del trabajo, obtiene la fecha actual y compone algo como «2026-07-16_Informe». Después reúne la carpeta seleccionada y ese nombre en una lista, y los entrega a «Ejecutar script de shell», configurado para recibir la entrada como argumentos.
El contenido del script es breve:
base="$1"
project="$2"
root="$base/$project"
mkdir -p \
"$root/01_Originales" \
"$root/02_Trabajo" \
"$root/03_Exportaciones" \
"$root/04_Entregas"
Las comillas protegen las rutas que contienen espacios y mkdir -p crea las carpetas sin protestar si alguna ya existe. No hace falta aprender más lenguaje de shell para cambiar esos cuatro nombres por «Textos», «Imágenes», «Contratos» o la estructura que cada trabajo necesite.
Atajos puede pedir que activemos la ejecución de scripts en sus ajustes avanzados. Apple mantiene esa opción separada por una razón sensata: el código amplía bastante las posibilidades, pero también puede provocar pérdida de datos cuando ejecutamos algo que no comprendemos. El pequeño bloque anterior se puede leer entero; esa debería ser una condición básica antes de pegar cualquier script encontrado en internet.
Automator continúa incluido en macOS y ofrece otra puerta para esta tarea. Permite crear un flujo con la acción «Ejecutar script de shell» y después importarlo en Atajos, donde se convierte en un atajo normal siempre que sus acciones sean compatibles. Es un puente curioso entre dos generaciones de automatización del Mac, y también una salida útil cuando una acción antigua todavía resuelve mejor un problema concreto.
La gracia no está en esas cuatro carpetas concretas. Está en que el proyecto número treinta no empiece con una arquitectura improvisada a las once de la noche.

Un PDF con orden previo
El cuarto atajo reúne PDF e imágenes en un solo documento. Configuramos la entrada para aceptar esos tipos desde Finder, ordenamos los archivos por nombre y los pasamos a «Crear PDF». Después solicitamos un nombre, lo aplicamos al documento resultante y guardamos el archivo. Si los originales se llaman «01_portada», «02_informe» y «03_anexos», el orden alfabético se convierte en una manera visible de controlar la secuencia.
macOS ya puede combinar archivos desde «Acciones rápidas > Crear PDF» y respeta el orden en que se hayan seleccionado. La versión construida en Atajos aporta algo distinto: puede imponer una ordenación, pedir un nombre coherente y enviar siempre el resultado al lugar previsto. Es una mejora pequeña, justo el tamaño adecuado para una automatización que no debería necesitar mantenimiento semanal.
Conviene llamar documentos a lo que realmente puede procesar. PDF e imágenes funcionan bien; un archivo de Pages, Word o una aplicación especializada puede necesitar una exportación previa. Atajos conecta acciones, pero no sustituye los motores de conversión que no existen. Cuando un flujo comienza a llenarse de excepciones, diálogos y ramas para cada formato posible, quizá ya estamos construyendo una aplicación mediocre dentro de una aplicación sencilla.
Los mismos atajos pueden ejecutarse desde Terminal mediante el comando shortcuts run y recibir documentos, imágenes o texto como entrada. Esto permite incorporarlos a scripts mayores o guardar su resultado en un archivo, aunque no hace falta acercarse a la línea de comandos para aprovecharlos. El verdadero cambio ocurre antes: una secuencia que vivía en la cabeza pasa a tener nombre, icono y un lugar estable en el Finder.
Después de usar estos flujos durante un tiempo, el Mac no parece más inteligente. Sigue sin saber por qué una imagen debe medir 1600 píxeles o por qué las entregas van en la cuarta carpeta. Simplemente deja de preguntarlo. En el escritorio quedan menos archivos llamados «final», «final-bueno» y «final-ahora-si», que tampoco es una revolución, pero se le parece durante unos minutos.



